ÉTICA BÍBLICA PARA MÉDICOS
Mario Cely Q. (Th. M.)
Seminario Teológico Reformado de Colombia (Bogotá)
1. FUNDAMENTOS BÍBLICOS PARA UNA MEDICINA MÁS HUMANA
El humanismo médico actual mira y valora al hombre según los conceptos filosóficos del atomismo (el hombre es un manojo de átomos) y del mecanicismo (el hombre es una máquina descompuesta que hay que reparar). En varios sectores de la investigación médico-científica, la medicina moderna continúa sobre la base del antiguo pensamiento griego el cual, desde el siglo XIX, reapareció bajo la forma del positivismo científico. Triste consecuencia del enfoque positivista es el desprecio que tienen muchos médicos por la opinión divina acerca del hombre según consta en la Biblia. Esto, ha producido una medicina totalmente alejada de su propósito básico: colaborar con Dios en el rescate del hombre que está enfermo moral, espiritual y físicamente, y esto a escala universal.
Es necesario, entonces, que de forma crítica examinemos los principales fundamentos de la cosmovisión judeocristiana sobre el hombre, presentados aquí como una refutación al humanismo médico-científico[1] y como una invitación al sano filosofar de quien quiere ser un buen médico.
¿Cómo puede influir el dinamismo de un enfermo en el curso de su enfermedad? Por regla general, cuando caemos enfermos o sufrimos un accidente, solemos adoptar el papel de «víctimas» más que de «actores». Nos sentimos «agredidos» por un elemento externo ajeno a nuestra propia naturaleza y, en consecuencia, como miembros educados en una sociedad tecnificada que tiende cada vez más a jugar un papel protector ante el enfermo, acudimos a los «especialistas» para que sean ellos quienes actúen y resuelvan nuestro problema, limitándonos, por nuestra parte, a mantener una actitud pasiva frente a su actuación profesional. Esta es una visión muy simplista y superficial del problema de la enfermedad, que no se halla exenta de profundas repercusiones.
Si bien es cierto que para conseguir una terapia efectiva es necesario que el enfermo adopte una actitud resignada y obediente, no es menos cierto que una actitud dinámica y positiva puede ayudar tanto o más a su recuperación. La curación psíquica, eliminar los sentimientos de culpa y remordimiento, es tanto o más importante que la somática si lo que se pretende es alcanzar a una curación integral y definitiva.
La sociedad está cambiando tan deprisa que a veces se nos hace difícil seguirle el paso. Palabras desconocidas, tan nuevas que no están aún en los diccionarios, como: postmodernidad y globalización se han convertido en el día a día, en fuerzas arrolladoras que, nos agrade o nos disguste, alteran de forma irreversible nuestra manera de ser y nuestro sistema de vivir. Tales corrientes transformadoras sumergen a hombres y mujeres del Siglo XXI en un torbellino de contradicciones, cuya consecuencia es la pérdida del sentido de la vida. Incapaz de cambiar el mundo o encontrar la razón de su existencia, el ser humano sucumbe a la depresión. ¿Qué hacer? –se pregunta Paul Tournier– ¿Resistir o rendirse?.
Estas páginas combinan la pastoral con la medicina, la Biblia con la psicología y la espiritualidad con el empirismo científico, demostrando que cuando el hombre trata de colocar su vida bajo la mirada de Dios, halla una vida infinitamente más armoniosa, mucho menos fatigosa, más profunda y repleta de sentido.
La fatiga es uno de los más graves males, entre los muchos que soporta el hombre actual. Pero no es una enfermedad en sí misma, sino tan sólo un síntoma de que algo en nuestra vida no anda bien. Intentar combatirla a través de sedantes o estimulantes no aporta soluciones positivas y duraderas. No hace más que enmascararla, prolongarla y casi siempre agravarla. Este libro ha sido escrito con el propósito de ayudar a quienes padecen los efectos aplastantes del cansancio vital, explicándoles cómo identificarlo y cómo superarlo a través del mejor de los métodos: recuperar la paz interior y establecer una justa relación entre fatiga y reposo.
Paul Tournier une sus habilidades como escritor a las de otros eruditos cristianos que aportan al tema su propia visión en dos aspectos importantes: El doctor André Sarradon, que nos alerta sobre el peligro de los medicamentos en el tratamiento de la fatiga. El profesor Georges Crespy, que hace un análisis penetrante acerca de lo que la Biblia y la fe cristiana tienen que decir al respecto, en su capítulo sobre la fatiga y el reposo según la Biblia. Y el Dr. Pablo Martínez Vila, que nos presenta de una manera clara y analítica los síntomas, causas y remedios contra el estrés en la vida y obra del líder cristiano, el cual también se ve amenazado por este temido mal moderno.
¿Es inevitable la agresividad? ¿Es un componente necesario en el desarrollo de una personalidad equilibrada? ¿O es más bien una reacción brutal que desfigura lo poco o mucho que hay de noble en el ser humano? ¿Dónde está la frontera entre las formas útiles y las perjudiciales de la agresión y de la violencia? Las posibles respuestas a estos interrogantes son tan cruciales como diversas. Y no dejan lugar para postulados simplistas ni se resuelven con elucubraciones intrincadas. Requieren un análisis profundo de la causa que genera en el ser humano el desarrollo de la violencia: el afán de poder.
En esta línea se mueve la reflexión del autor, que aporta con su propuesta una bocanada de aire fresco a una sociedad que abre el siglo XXI dominada y preocupada por el constante incremento de la violencia.
La ciencia no nos dice nada acerca del sentido de las cosas, de la enfermedad y de su curación, de la vida y de la muerte, del mundo, del hombre y de la historia. Sin embargo, son temas a los que la Biblia reserva una plaza preponderante. De ahí que el estudio de la Biblia resulte para el médico tan valioso como el de la misma medicina. Tal es la tesis que Paul Tournier desarrolla en este libro.
Este libro establece los paralelismos que existen entre los aspectos espirituales de la cura de almas y la terapia psicológica. El paciente puede recibir ayuda tanto a través de una como de la otra.
Una experiencia espiritual puede, de repente, abrirle los ojos; conducirlo a una convicción de pecado respecto a su agresividad y, de ahí, llevarlo a descubrir y desenmascarar los complejos que son la fuente de su desequilibrio. O puede también que un tratamiento psicológico, al enfrentarle con sus complejos y hacerle descender hasta la fuente de su agresividad, produzca en él conciencia de pecado, abriéndole la posibilidad de llevarla a Dios y encontrar descanso el Él. En este caso, la técnica psicológica ha contribuido a una labor espiritual.